Breve historia del Debate

El arte del debate no es nuevo. Se remonta a las civilizaciones más antiguas. Tal es el caso de los intercambios que se daban entre los científicos chinos en la era de la dinastía Chou (1122-255 a.C.). También es bien conocida la tradición de debate oral (Veda) en los pueblos en la India, así como en Arabia y, por supuesto, el Talmud de los judíos.

La cuna griega

El arte del debate como competición de argumentos que conocemos en la cultura de Occidente tiene su cuna en la antigua Atenas.

Según diversas fuentes, en el siglo V a.C, Protágoras de Abdera fue el primer maestro en el arte del convencer. Era la época de los sofistas, profesores ambulantes que sostenían que las verdades no eran mejores ni peores, sino mejor argumentadas. Según este punto de vista, tener razón objetivamente es imposible y sólo se puede tender a lograr la razón a partir del desarrollo de argumentos del más alto nivel posible.

Sócrates, por su parte, practicaba la mayéutica, un método inductivo que le permitía llevar a sus alumnos a la resolución de los problemas que se planteaban, por medio de hábiles preguntas cuya lógica iluminaba el entendimiento. En griego μαιευτικη significa “parir”, y esa era la idea socrática: que sus alumnos “parieran” sus propios conocimientos, entendiendo que la verdad estaba desde el inicio en ellos mismos, y que su función era ayudarlos a encontrarla.

Platón, discípulo de Sócrates y posteriormente maestro de Aristóteles, fundó en 387 la Academia, institución que continuaría a lo largo de más de novecientos años.

Aristóteles fue a su vez maestro de Alejandro Magno en el Reino de Macedonia. Es reconocido como el padre fundador de la lógica, una ciencia formal que estudia los principios de la demostración e inferencia válida. La palabra deriva del griego antiguo λογική (logike), que significa “dotado de razón, intelectual, dialéctico, argumentativo”, que a su vez viene de λόγος (logos), “palabra, pensamiento, idea, argumento, razón o principio”. En su obra acerca del arte de la retórica describió las técnicas de debate para convencer en la Asamblea y en la sala de audiencia.

El aporte romano

Cicerón (106-43) fue uno de quienes más contribuyó a la teoría de la retórica, con su obra “De Oratoria”. En gran aporte romano a la retórica de Aristóteles es la descripción de las tareas del orador y de los componentes de su discurso, que resume en cinco ítems:

Pensar lo que se quiere decir (inventio).
Ordenar el material (dispositio).
Elegir sus formulaciones (elocutio).
Memorizar el discurso (memoria).
Y cuidar a la entonación, mímica y gestos (actio).

A su vez, el orador subdivide su discurso en partes:

Introducción (exordium), para complacer al público y generar interés para el tema.
Explicación del mensaje (narratio).
Argumentación, lo más importante del discurso (argumentatio), que tiene doble función: sostener la opinión propia (confirmatio) y refutar los argumentos del oponente (refutatio).
A veces el orador quiere extenderse (digresio).
Resumen y conclusión (peroratio).

La Edad Media

Durante varios siglos, la retórica se enseñó como materia formal. Se organizaban torneos de razonamiento que podían durar varios días, hasta que el profesor elegía a un ganador. Estos ejercicios obligaban a los alumnos a tomar posiciones muchas veces opuestas a sus propias opiniones.

El humanista Erasmo de Rotterdam (1500 DC) era abogado y un gran retórico. Sostenía que la enseñanza de la retórica generaba mentes emancipadas y capaces de tomar posiciones sobre asuntos contemporáneos, ordenar argumentos a favor y en contra, y expresarse adecuadamente ¡obviamente en latín! Dadas las costumbres de la época, el debate no era aún practicado por mujeres, ya que no tenían cargos públicos.

Inglaterra

Debatir está en la sangre de los ingleses. Son aficionados a la competición verbal, el humor es un ingrediente sustancial. En 1855 se fundió la Cambridge Union y en 1863 la Oxford Union, el instituto de mejor reputación mundial, y formador de primeros ministros, líderes de partidos, jueces y diplomáticos. Tiene su propia aula de debates en donde, frente a centenares de espectadores, hicieron discursos entre otros Ronald Reagan, Yassar Arafat, Dalai Lama, Liza Minelli y Shakira.

Los debates semanales son muy populares, y al finalizar el público puede votar.

Estados Unidos

En Norteamérica el debate se incorporó al sistema educacional. Dale Carnegie escribió el libro “How to win friends and influence people”, uno de los más populares de la historia. En la década del 80, una investigación entre cien gerentes reveló que más de la mitad de ellos había adquirido experiencia en debates durante sus épocas de estudiante. El debate es importante para el éxito en cualquier carrera. Desde 1920, el National Debate Tournament es el encuentro más prestigioso.

El estilo estadounidense de debate es formal, con muchas reglas que son definidas meticulosamente.

Europa del Este y el Lejano Oriente

Después de la caída del Muro de Berlín en 1989, surgieron clubes de debate en las universidades europeas del Este. También desde hace ya algunas décadas los japoneses, chinos y malayos reciben formación en debate en inglés.

En los campeonatos mundiales de debate de universidades (World University Debating Championships) participan más de treinta países.