Educación artistica

La Educación Artística: un camino de mejora

“La educación a través del arte hará de los seres humanos mejores personas”.
(Lopez Fdz. Cao.)

El arte invita a las personas a compartir con los demás algo que todos consideran más
elevado, algo que los levanta por encima de la experiencia cotidiana hacia una visión
más grande que ellos mismos. Es una experiencia que ofrece nuevos significados a las
ansiedades de la vida cotidiana. Une al artista a su creación y a la persona que
experimenta el arte la liga a la misma creación. Una experiencia estética permite que el
espectador participe a través de otros en el despertar de lo mejor que hay en el ser
humano.

Los conflictos e inquietudes psicológicas pueden ser trabajados por el adolescente a través de la producción artística; se emplean las técnicas artísticas, para el auto-conocimiento, el desarrollo personal, la mejora de la salud y la calidad de vida. Se pone el énfasis en la escucha interior, la atención y la espontaneidad. La creación artística es una herramienta para facilitar la expresión y resolución de emociones y conflictos emocionales o psicológicos.

Si los educadores artísticos pueden poner al alcance de las generaciones futuras la oportunidad de crear orden partiendo del caos de su inconsciente, de crear una imagen visual de las aspiraciones ocultas del hombre, entonces puede que las personas consigan moldear la realidad a imagen de su visión artística interior.

Esta es la misión del arte: crear para cada período una visión de la mayor integración que vendrá. Si el educador artístico logra transmitir a sus alumnos la excitación que tal visión confiere, al estudiante, a su vez, debería resultarle más fácil comprometerse con una visión de la singularidad humana que le impida abrazar la estrechez y el conformismo de la sociedad de masas. También debería proteger a los estudiantes para que no cayeran en la tentación, como les ocurre a algunos de los mejores, de buscar la salvación personal en la huida de la sociedad del siglo XXI. En vez de ello, el artista joven debe oponer su visión artística interior de un significado transpersonal a las anteojeras de la autopromoción, que es adonde parece conducirle el resto de su experiencia educativa. A través de dicha visión este mundo de vivir en masa podría cambiarse, mientras aún haya tiempo, por una sociedad humana en cuyo seno la gente trabajaría eficazmente unida para convertir sus visiones personales de la buena vida en realidad ayudando a crear un marco social que aliente a la gente a integrarse y que facilite vivir autónomamente.

La tarea del estudiante joven consiste en tratar de poner orden y compresión en el caos que reina en su interior. En todas las demás clases a las que asiste se le pide que niegue dicho caos, que lo reprima y considere que no es válido ni importante. Sólo la enseñanza del arte es capaz de demostrarle que de ser un niño del que se espera que absorba y aprenda lo que los demás dicen puede pasar a ser una persona libre que lucha y expresa su visión de sí mismo y de la vida.

Coincidiendo con de Bono:

“La educación debe permitir y desarrollar aptitudes como la capacidad de trabajar en equipo. La capacidad de trabajar de forma constructiva. La capacidad de proyectar y planificar una tarea. La capacidad de tomar iniciativas. La disciplina de la perseverancia y de la efectividad”. “El arte es un sistema abierto, como el resto de las humanidades, no está delimitado y concluso. En el ámbito de la creación artística, una inmensa mayoría son preguntas abiertas, que permite diferentes respuestas, todas ellas correctas pero distintas; se trata del pensamiento divergente. Las preguntas cerradas, exigen una contestación única y se tratan de pensamiento convergente. En el mundo occidental y por tanto su educación ha tomado mucho de los lados más deshumanizados de la ciencia y la técnica, considerando como valor supremo lo racional, y eso hace que el arte nos parezca algo mágico, irracional e inaprensible, imposible de organizar metodológicamente, y por lo tanto no enseñable ni evaluable. El hemisferio izquierdo se ocupa predominantemente del pensamiento lógico, convergente, analítico, abstracto, racional y secuencial; mientras que el derecho se decanta por la intuición, el pensamiento divergente, simultaneo, la imaginación, lo emocional… La educación debe potenciar y desarrollar ambos hemisferios, y no solo el izquierdo, como pretende la cultura occidental.”