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Primera clase, primeras sorpresas…

Este pasado lunes, 14 de septiembre, comenzamos de facto la clases de Teatro en el Club Olalde. Digo de facto porque una semana antes ya tuvimos una reunión de alumnos y profesor pero no empezamos a trabajar nada en concreto. Únicamente nos presentamos. Yo les hice una declaración de intenciones de lo que pretendía que fuera el taller/escuela y les explique de manera somera cuál iba a ser la estructura de las clases hasta nuevo aviso. Y ellos , uno a uno fueron contando sus motivaciones, intereses, etc., que les había llevado a apuntarse a la actividad.

He de decir que lo bueno de vivir en primera persona un experiencia artística, en este caso grupal como lo es el Teatro, es que te permite observar una evolución fascinante en el comportamiento de las  personas, en este caso adolescentes en el pequeñísimo espacio de 2 horas.

Comenzamos el taller con una serie de ejercicios de relajación, respiración, activación física, escucha, etc. y, aún, los chavales todavía se mostraban bastante reservados en su expresión tanto física como verbal. Mirándose todavía mucho unos a otros, con esas risitas propias de una situación tensa, de nervios… Pero cuando comenzamos los ejercicios de trabajo de la gestualidad observé como los miedos iban cayendo; comenzaban a deshinibirse y a hacer lo que realmente se pide en el Teatro: JUGAR (así los ingleses, que de Teatro saben un poquito, lo llaman TO PLAY. ). Como botón de muestra, esta foto que adjunto. Corresponde al desarrollo de un ejercicio en el que cada uno del grupo adopta un papel dentro de una familia: la abuela, el abuelo, el niño, la niña, el padre, la madre, etc,. y tienen que posar ante la cámara durante unos segundo en una actitud que yo previamente les marco. Por ejemplo, les digo: familia musical y sus roles tienen que adoptar una actitud musical dentro de su rol. O les digo familia monstruosa, o familia enferma

Bueno, la caída final del muro de los miedos se produjo cuando comenzamos los ejercicios de improvisación. ¡Cual sería mi sorpresa que en algunos juegos que proponía, no sólo no los querían hacer sino que los querían complicar un poco más, para hacerlos aún más atractivos y fijarse un listón más alto!

Al margen de que son chavales estupendos, y de que todos muestran muy buena disposición de aprender y capacidad de actuar sin problemas, nunca me dejará de fascinar el Teatro como herramienta óptima para desarrollar múltiples destrezas que te ayudan a ser, en definitiva, mejor persona.

P.D.: ¡Qué alegrón me llevé al comprobar que todos los alumnos eran de mi colegio de toda la vida, Munabe! Algo se estará haciendo bien en este colegio…